martes, 30 de octubre de 2012
Portación de rostro
Están hablando de ellas. Son pibes, recién se enteran lo que es quererlas y no pueden dejar de convertirlas en tema de conversación. Hablan fuerte, ríen fuerte. Son pibes. La lluvia dejó su calle convertida en barro, en charco, en barrio.
Dicen que la guita no importa, que lo que importa pasa por otro lado. La gente lo dice.
Pero no queda bien que algunos pibes paren en la esquina. A algunos les da miedo que algunos pibes rían fuerte.
Ellas saben que en alguna esquina las están nombrando, las están queriendo. Son pibas. A ellas no les da miedo y es lo que importa.
Los pibes de la esquina están riendo, están gritando, y a cierta policía eso también le da miedo.
Los vigilantes se acercan dudando de sus ropas, de sus risas, de sus prontuarios. Pero a los pibes no les cabe ser acusados. Hablan fuerte, ríen fuerte, putean fuerte.
Ya vienen las piñas, ya llegan los palos. Los del uniforme escupen insultos y les atan las manos.
Unas horas adentro y un ojo morado. El precio que a veces hay que pagar por ser pibe del barrio, por reír fuerte.
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