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miércoles, 11 de septiembre de 2013

La Familia

Hace un poco más de 3 años, una familia integrada por dos chicos varones, menores de edad, su madre y su padre, vivían en una de las ciudades más pobladas del Perú, Lima. Como su padre creía que en su propio país la enseñanza de la escuela, a la cuál iban los chicos, no era buena y además que a la madre la habían despedido de su trabajo, decidieron irse a vivir a Buenos Aires. Como su padre tenía unos conocidos que vivían en Capital Federal, decidió hablarles y cuando termino, quedaron en que iban a quedarse a vivir en el departamento de esta pareja, porque igual el lugar era grande y la pareja viajaba mucho. Al día siguiente el padre le había hablado a su jefe, en su trabajo, para contarle lo que iban hacer y después de haber cobrado su último sueldo, renunció y fueron directo a buscar los cuatro boletos, para poder viajar el día 18 de marzo de 2011. Cuando terminaron de hacer los papeles, fueron para su casa, armaron sus bolsos y se fueron a dormir.

Llego el día y toda la familia contenta por tomar ese avión, los chicos más porque iban a conocer a nuevos amigos con los que pudieran jugar. Llegaron y la pareja, se encontraba en el lugar, los recibieron un con fuerte abrazo y los llevaron a su departamento, cuando llegaron comieron todos juntos, acomodaron las cosas que podían y se acostaron a dormir. Al día siguiente fueron a dar un paseo por el lugar, para conocer un poco como era la zona y mientras recorrían a pocas cuadras del departamento se encontraron un colegio público, decidieron entrar para ver cómo era y para averiguar si los podían inscribir a los niños. Entraron y preguntaron a la directora del colegio si había vacantes, para sus dos hijos menores que pasaron a 6 grado, ella le respondió que sí no había problema y que tenían que llenar unos papeles para la inscripción y fotocopias de los dos chicos, fueron hacer todo ese mismo día y cuando terminaron, les dijo que ya podían empezar mañana mismo, a la mañana y que los chicos entraban en el mismo salón. Los chicos contentos y sus padres más fueron a dormirse temprano. Se levantaron, se vistieron, desayunaron y el padre los llevo a su nuevo colegio, cuando los dejo, el se fue a su trabajo que había conseguido de portero y mientras su madre se quedaba en el departamento. Los dos chicos entraron y fueron los dos directo al salón a conocer a sus profes y compañeros, se sentaron juntos delante del pizarrón y tuvieron su primera clase de biología. Cuando salieron para el recreo, no tenían a nadie con quien hablar, entonces hablaban entre ellos. Cuando empezó el segundo recreo unos chicos, de su mismo grado, se acercaron y los saludaron. Les preguntaron cómo se llamaban y les respondieron yo Juan y yo Horacio, los chicos también les dijeron sus nombres y uno de los chicos les preguntó de dónde eran, porque parecían de Bolivia, por como hablaban y todos sus amigos se empezaron a reír, los chicos avergonzados les dijeron que no, que venían de Perú- Lima, el nene le dijo si me parecía por como hablan y porque son negritos y devuelta comienzan a reírse. Toca el timbre para entrar, tienen sus horas de clase y toca devuelta el último recreo, los chicos con los que les fueron a saludar no los hablaban más y se iban a hablar con sus otros amigos, los dos niños fueron a pararse al costado de la puerta del salón, hasta que tocase devuelta el timbre. Después de unos segundos pasan unos chicos alado de ellos y le gritan peruanos, negros, vuelvan a su país y se van riendo, los chicos entran al salón y se sientan mal por esos comentarios. Cuando terminaron las horas de clase, salieron y se quedaron a esperar a su padre para que los pase a buscar. De repente se acercan unos chicos un poco más grandes que ellos y les comienzan a gritar, molestarlos, diciéndoles negritos feos y haciéndoles gestos de que los iban a pegar. Los chicos sin poder defenderse, salieron corriendo y entraron en un kiosco cerca de ahí, para poder esconderse hasta que se fueran todos, cuando no vieron a nadie más salieron y fueron a buscar a su padre lo vieron y el lo estaba buscando por todos lados, les pregunto dónde se habían metido y le contaron todo lo que había pasado llorando, el padre se quedo mudo y fue rápido hablar al colegio a quejarse sobre lo que paso y como el colegio no se quería hacer cargo del problema, decían que no les correspondían a ellos ese problema y que no podían hacer nada para ayudarlos, decidió cambiarlos a otro colegio que quedaba cerca de su trabajo. Les pasó la dirección y todo lo que necesitaba y le dieron el pase.

Hoy en día siguen viviendo en Argentina y los cuatro se fueron a vivir en el mismo edificio donde trabaja su padre, agradeciéndoles siempre a la pareja de amigos, que tanto los ayudaron y yéndolos a visitar siempre que pueden. Toda la familia está contenta, los chicos en su nuevo colegio, con sus nuevos amigos que no los molestan, ni los insultan más, su padre en su trabajo que le va muy bien y su madre ama de casa.

Pero lo que les había pasado a los chicos, no se les va a olvidar tan fácilmente, tratan de hacerlo y que eso no suceda más con ninguna persona extranjera que viene a vivir a Argentina por problemas económicos o más bien por la enseñanza de su propio país, en otros casos.

Macarena Ayala

viernes, 21 de septiembre de 2012

Cuando gatillar es fácil

Cuando gatillar es fácil:
por el colectivo Juguetes Perdidos


"Lo mataron de una puñalada en el corazón... fueron los pibes de allá... bah no sé... era un gil... tenía 16 creo... mejor que lo mataron, sino lo mataba yo...” “–Se cagaron a tiros, murieron tres pibes... creo que alguno era de acá, pero no sé... no podía salir a la calle... –¿Qué pasó? –Fueron a comprar y se encontraron justo, ya estaba todo mal entre estos pibes... Era un atrevido ese... Hace ya dos semanas que se encuentran y se cascotean...” “–¿Pero sabés a quién mataron?... –A alguno, no sé... que se maten entre ellos, vos qué te metés.”

Charlábamos con unos amigos en Don Orione una mañana... Secuencias de muertes que quedan debajo de nuestros registros, muertes que pasan, muertes que no importan, muertes de enfrentamientos entre pibes, entre bandas de diferentes barrios. El gatillo fácil a veces no es exclusivo de la yuta. El gatillo es fácil cuando se rompen códigos que nos contengan.



De este modo íbamos viendo que cuando la muerte aparece como fija en el barrio, como noticias que pasan así nomás sin pestañar, esos tics de lo escalofriante, se nos vuelve indiferente. Y no es gratis este movimiento. Si la vida del que comparte con vos una forma de moverte, de andar por el barrio, se vuelve indiferente, necesariamente tu vida entra también dentro de lo descartable; una fija. Entonces cualquier muerte se justifica, y justifica cualquier otra muerte más en el barrio, o en el barrio de al lado, o en el de más allá...

La charla seguía, y se hacía muy difícil armar un discurso en común acerca de las muertes que se sucedían en el barrio. Faltaban imágenes y palabras para lo que iba apareciendo. O se producía una distancia pesada con lo sucedido, legitimando la repetida justificación policial del ajuste de cuentas, en un tenebroso que se maten entre ellos; o la opción era rendirse a una fatalidad indiscutible, natural: “cuando salís sabes que podés no volver”. Difícilmente se podía poner en cuestión esa naturalidad ante la noticia de que aquel que ayer estaba, hoy no está. Lo que era claro era que estas muertes parecían no importar, que pasaban como fija: cualquiera podía morir de cualquier forma... El paisaje de fondo de la charla, de las noticias de violencia y de casos de muertes en Don Orione es siempre una mirada que se activa todo el tiempo entre los vecinos, los que pasan por ahí y se enteran, y hasta entre los amigos y familiares del pibe asesinado... una mirada que deja escapar un “algo habrá hecho” o un “por algo será” y que cubre todo de aceptación, justificación.

La ecuación es: pibe chorro = vida que no importa. Y esa mirada entonces se vuelve el único modo de entender y captar los desbordes en el barrio, más allá que después todos nos enteremos de que la mayoría de las muertes no sólo respondan a la “inseguridad” o a la “violencia entre bandas”, sino que incluyen muchos desbordes sentimentales (peleas de parejas, familiares, entre amigos) o choques y roces contingentes, azarosos (peleas por un vuelto, o por estar secos). Da igual: la mirada criminalizadora se activa como única lectura y cierra el proceso de pensar la muerte. “Seguro que era chorro”.

Todo se traba en este punto. Los silencios, la vergüenza, la impotencia de no poder ir más allá de estas sentencias, incluso en los mismos pibes y pibas que comentan un nuevo caso de muerte barrial... Se corta cualquier movida de pensar la violencia en el barrio, activar otra mirada, conjurarla, volverla un problema de todos, hacer algo con eso. La muerte como fija es un mecanismo que actúa al interior de los cuerpos, los gestos, los modos de plantarse y andar por los barrios: es una forma de leer las vidas y lo que ellas significan, donde la muerte se vuelve un destino posible, o inevitable, con el que cargan algunos. Una pantalla de juego donde la indiferencia o la aceptación aparece tapando todo, como si fuera una anestesia necesaria para andar en este juego... Pero si no podemos pensar la muerte de un amigo, un conocido, un pibe del barrio, esa violencia permanecerá latiendo, crujiendo entre nosotros, desarmando códigos.

Con la muerte como fija, el “A mi no me importa morir”, que puede ser o pudo haber sido un gesto potente (desafiante, de aguante, de plantarse) cambia de sentido y se desplaza libremente por el barrio, incapaz de hacerle frente a esos “seguro que era chorro” o “qué te importa, seguro en algo raro andaba”. Y en esa secuencia, lo que queda en riesgo son las maneras de relacionarse y de andar por la calle, de hacer banda. Algo importante se juega en el acto de gatillar o andar calzado, en las muertes y peleas entre bandas... hay vidas que cargan con el riesgo, que llevan la muerte como fija en sus espaldas... algo hay que hacer con eso, decían o callaban los pibes de Don Orione esa mañana tan común como las demás.





jueves, 20 de septiembre de 2012

Jóvenes y Política ¿Minoría de edad?

Esta semana la escuela también estuvo en la calle. Hablamos de derechos políticos, de la juventud que puede y que no puede. Hablamos de ustedes y la calle (que no es sólo de asfalto y tierra). Esta semana hablamos de la política - que es buena palabra - y los jóvenes. Podemos acordar o disentir con éstos jóvenes, ¿pero podemos decir que no están capacitados para votar responsablemente?

La primera respuesta después de las tomas:
Aunque los estudiantes de las escuelas secundarias porteñas, que mantienen al menos 18 establecimientos ocupados, solicitaron una reunión con el ministro de Educación comunal, Esteban Bullrich, para evaluar alternativas a la reforma de los planes de estudio que impulsa desde su cartera, el jefe de Gabinete de la cartera educativa, Diego Fernández, dio un primer paso y aseguró que "en ningún momento se evaluó cerrar el turno noche y no será cerrado", en referencia a uno de los reclamos sostenidos por los centros de estudiantes.
Las reformas curriculares obedecen al requerimiento del Consejo Federal de Educación de adecuar los planes de estudio para su homologación en todo el país. El conflicto se desató en mayo, cuando docentes y estudiantes de las técnicas se movilizaron contra una resolución ministerial que reducía horas cátedra de materias específicas de las carreras técnicas. Tras una serie de reuniones impulsada por legisladores y una movilización masiva de estudiantes, docentes y padres, la cartera educativa abrió el debate y aceptó algunas modificaciones.

Las medidas alcanzan especialmente a escuelas técnicas, pero también a las del área artística y a bachilleres. Los estudiantes sostienen que esas modificaciones, que se aplicarían a partir del año próximo, incluyen la disminución de horas cátedra de materias específicas, lo cual bajaría el nivel educativo en las carreras afectadas. Y ante la falta de respuesta por parte de Bullrich, el lunes la Coordinadora de Estudiantes de Base (CEB) iniciaron un plan de tomas como medida de fuerza para ser nuevamente convocados.

Por su parte, Fernández, quien sostuvo que en los últimos días se reunió con los representantes de las 38 escuelas técnicas para aclararle que "no había ningún riesgo del turno noche", explicó que "el ministerio lo que está haciendo es respetar la demanda de 44 horas cátedras que demanda el Consejo Federal de Educación para el turno nocturno, y la conducción de cada escuela que conoce la demanda de su población es la que prioriza y determina cómo se va a implementar el turno noche".

Luego, repitió que la Ciudad está adapatando la currícula a "lo que el Ministerio de Educación de la Nación está determinando en todas las escuelas de la Argentina" y, sin hablar de una futura reunión para debatir las alternativas, sostuvo que "la mejor forma de defender la escuela pública es que los profesores den clases".
(Nota publicada en Página/12 http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-203748-2012-09-19.html)