Cuando los europeos llegaron al Nuevo Mundo, trajeron esas
armas que escupen fuego y esos animales enormes que corren rápido. Trajeron la
Cruz, que pesa bocha. Trajeron la ambición por la sangre del Dios Sol y la
viruela que duele y mata. Y las alforjas, que se volvían a Europa repletas de
oro y plata, llegaron con vicios de alcohol para el conquistado.
El conquistado tenía que permanecer dominado, sometido,
arrodillado. Sabían que para llevar adelante esa empresa, era mejor mantener al
indio narcotizado, deprimido, borracho.
Al conquistado, el excluido, el explotado; al que no le
conviene otra cosa que no sea un cambio, a ese quieren tenerlo quieto, dormido,
machado. Porque si se levanta, si se despierta y se junta con sus muchos hermanos,
si puede andar derecho con el rostro crispado, la cosa se le pone brava al que
tiene el látigo en la mano.
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| Mientras duermes |

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