viernes, 21 de septiembre de 2012

Conquistados


Cuando los europeos llegaron al Nuevo Mundo, trajeron esas armas que escupen fuego y esos animales enormes que corren rápido. Trajeron la Cruz, que pesa bocha. Trajeron la ambición por la sangre del Dios Sol y la viruela que duele y mata. Y las alforjas, que se volvían a Europa repletas de oro y plata, llegaron con vicios de alcohol para el conquistado.
El conquistado tenía que permanecer dominado, sometido, arrodillado. Sabían que para llevar adelante esa empresa, era mejor mantener al indio narcotizado, deprimido, borracho.
Al conquistado, el excluido, el explotado; al que no le conviene otra cosa que no sea un cambio, a ese quieren tenerlo quieto, dormido, machado. Porque si se levanta, si se despierta y se junta con sus muchos hermanos, si puede andar derecho con el rostro crispado, la cosa se le pone brava al que tiene el látigo en la mano.

Mientras duermes

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